martes, 25 de marzo de 2008

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Esta noche he recuperado la sensación de descansar, de dormir profundamente. Supongo que es la consecuencia de la liberación. Por fin se acabó todo.

No existe pena. No existen recuerdos. No existe la mentira ni el engaño. No existe nada.

Llegué a casa, me senté en la cama, achuché al Cafú, sonreí y pensé: ahora sí que soy feliz. Mi familia, mi hermano, mis amigos, todos ellos que me valoran, que están ahí siempre, coinciden: no me merece, y esta vez, estoy total y absolutamente de acuerdo. Me quité el peso de encima. Y tranquila, contenta, y segura, cerré los ojos... y me dormí.

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